martes, 10 de diciembre de 2013

Trémulo





Tengo mucho sentido de lo siniestro
Cantando por debajo de mis tuberías y lagrimales
Esperando alguna absolución del viento que no me desintegre

Quisiera simbolizar un incendio y luego ponérmelo en la lengua
Y poder herir las noches de aquellos que me han quitado el sueño
O atormentar sus pasos cuando pisan los sueños
Contaminados de niños furiosos y fantasmales
Que valen más que el hambre de los injustos que los matan

Y a veces quisiera simplemente
Quebrar la mitad de la placa tectónica que nos separa
Para traerte nada más para  que me hagas temblar
Y tambalearme a besos noctámbulos mientras
Me quede insomnio que compartirte
Porque mañana no sé si me volaré
La tapa de los sesos, el torniquete del metro
O la cabeza de un policía mientras
Pienso en el deseo de buscar 
Una calma prófuga donde acostarnos…

miércoles, 27 de noviembre de 2013

muerte, muérdeme pero ya



No más laberintos

Intimidadores en el silencio
De mis cucarachas amaestradas como neuronas
Ni moscas atrapadas dentro de alguna boca llena de mierda
No más motines en este barco fantasma donde  el naufragio
Exalta su fascinación por los mares agitados y diabólicos
Aquí, si aquí en esta noche declaro como si se me fuera el aliento gritando
Aquí demando que estará su mano sobre el rostro enrarecido por el tiempo
Con los surcos  donde vuelve y se detiene la canción de una cuna
Donde fueron a  parar todos los dardos, las agujas y las botellas rotas
Aquí, en este deleite enfermizo y potente
Despotrico que algo ha de partirse entre rayos blasfemos y morbosos
Y hemos de perdernos en el nombre de flagelar  la calma después de repartir lujuria
Bombeando tu sangre para mantenernos a flote en el
Delirio no superficial de los gritos y las mordidas
Y si juro sobre mi sexo que si un día me ahogo
Que sea asfixiado entre tus gemidos
Arremetiendo contra toda estafa
Al borde de la carne
Y que te entierren con mi lápida insatisfecha
Siempre y cuando yo encuentre manera de que me pique el diablo
Para vender mi alma a cambio de ser un gusano
Para comer de tu carne
Llorando y multiplicándome entre tus huesos
Y por cada suspiro que me alejó de la tormenta
Dejaré una lágrima que te resucite y te vea igual
De multiorgánica, miltisonriente
multiorgásmica y perfecta 

jueves, 21 de noviembre de 2013

de tripas con razón


Hay día que me quiero suicidar y luego me da gripa y me da por fumar
Hay días que desearía poder llenar mi cabeza de ideas
Pero confundo las ideas con los cables pelados del enchufe a la luz

Hay noches que no puedo dormir y me pongo a escribir toda la noche
Pero creo que lo confundo con azotar mi cabeza contra el teclado
Hasta desmayarme

Hay mañanas en las que me cortaría las venas de par en par
Pero termino solamente rasurándome hasta que queda como un trasero de bebé
Con pañal de lija


Hay tardes en las que creo que puedo sonreír
Pero creo que estoy pensando en aventarme a las vías del metro
Nada más para chingar al pendejo que está a mi lado…

Y provocar
Que vaya al psicólogo el resto de su miserable y entrópica calamidad
Experiencial a la que llama realidad, que no es más que un conjunto
De impulsos dirigidos por una corriente alterna estimulada por un montón
De lucecitas de colores,
Hay atardeceres que me gustaría pasar en hora pico con una motosierra gritando:

“Soy el Elvis, soy Morrison Soy Cioran, Soy Poe soy Aquel, soy la gota que derramó
El brazo, soy un tampax un cotex, soy coca-cola
Soy la oh-vieja negra de mis ladillas, soy el enano
 soy una filia, soy el voto promovido por una verga mal
´parada y una panocha mal alimentada, soy una eyaculación
En una nota roja estampada con gargajos en la cara de amor de una ex-novia
Soy una marcha en hora pico, soy el panzón que grita gol y se disloca
Un pezón en manos de su muerte acelerada, soy la opera prima de tus arrugas
Que le salen a tu seno izquierdo, soy la pata de gatillero por la que no
Sales de viaje a Sinaloa, soy el pendejo del notifiero y la telenovela
En la que escondes tu inteligencia y la sacas batida con
opiniones mezcladas con el vómito de tus hijos infectados
De abandono a los que nadie les ofrecerá más que una crema reductora
Porque se van a sentir tan horribles por dentro que nadie va a poder
Dejar de molestarlos hasta que se pongan un arma en la cabeza
O un uniforme de Walmart y te digan “buenas tardes encontró todo
Lo que buscaba y al final de la línea solamente haya un monitor
Expresando las calamidades de haber desayunado cucarachas
Elegantemente disfrazadas de gala y res, único y pérfido desaliento
Para adornar un gas ventoso que salió de tus naturalmente reprimidos intestinos
Y que va a dar a la nariz de los que te rodean mientras sonríen en año nuevo clavando
Sus deseos y gratitudes en la lápida de la humanidad mientras cuchicheas
Tus secretos esperando que nadie escuche todos tus horribles y profundos deseos”

Luego llego a casa… y pienso que es mejor así
Uno por uno, para no llamar la atención



lunes, 8 de julio de 2013

Ofrenda





“No hemos olvidado a los dioses, están ocultos en nuestras pesadillas intentando que nuestra conciencia miserable los reduzca a piedras.” Pensé en esa frase, luego mi ateísmo de coladera quiso purificarla pero estaba lejos de su nicho natural. El viento zumbaba fuerte mientras caminaba sobre piedras de río, con el sonido de fondo del agua buscando su cauce. Cerré los ojos pero ya no escuchaba el murmullo que intentaba decirme algo. Cerré los puños y caminé con fuerza y sin darme cuenta pise un abandonado nido de pájaro. Abrí los ojos y luego pisé una rama seca, luego muchas barras de caña seca, ramas y más ramas, al principio jugando luego con odio. Crujían y crujían bajo mis tenis Nike humedecidos en el río. Luego pisé insectos, los más que pude y el viento arreció, el río arreció el cielo se nubló. “Soy humano, vengo a pisarte cobardemente vestido y cerca del sendero que me lleva de regreso porque no me voy a quedar hasta la noche y luego voy a tomarte una foto y enseñársela a mis amigos a subirla a mis muros de pobre interpretación y contacto.” Pensé en eso y una avispa me sobrevoló, amarilla, intensamente amarilla y pasó muy cerca y me hizo retroceder pero finalmente me ignoró.
Escuché un grito: “¡Dionisio! ¿Dónde estás?”

No estaba solo, únicamente me había apartado del grupo. ¡Voy! Contesté, luego vi en una roca la cara de un viejo, ni triste ni feliz, solamente era viejo y cuando me fui sabía que únicamente se me figuraba una cara, igual que en las nubes, igual que las siluetas en la noche. Pero de alguna manera quería que se levantara y me aplastara, arrojara mi cadáver al río y pintara con mi sangre su nombre, su verdadero nombre.

martes, 5 de marzo de 2013

Quemando a Judas 1ra parte







En la habitación, mientras espera sentada, una mujer comienza a revolver cosas, extrae zapatos del suelo, saca cuchitriles compulsivamente pero no encuentra lo que busca, rodeada de murallas de humo y lagunas de sudor, no hay muchas cosas más que cajas en el suelo y una cama en la que hacía años no ha dormido. Desiste en su búsqueda y por fin encuentra  una puerta abierta que da hacía otra habitación, ella se intimida un poco, se ruboriza, se sonroja, el encuentro es inesperado y se moja un poco los labios secos. Parece colegiala frente a un galán y se comienza a presentar:
Hola. Mi nombre es Rosario Carroña y dos de tripa, quizás mi nombre te parezca extraño pero es justo lo que creyeron que había salido de mi madre cuando nací, un rosario de carroña y tripas – ella se inmuta un poco, al parecer,  sí hay alguien en la otra habitación que la está esperando. Aún así sigue presentándose –  Y sí, mi padre aparte de ser el peor taquero de la esquina más solitaria de peñón de los baños, fue un suspiro que mi madre no se pudo contener.  Ella siempre decía que le daba ternura su cara de taco de birria, sus ojos de guacamole echado a perder y su cabello de lechuga recién salida del basurero de la merced. Aunque yo creo que más que enamorada tenía hambre, ¿sabes? Fueron los tiempos de la hambruna, mi padre se había quedado sin piernas y todos le preguntaban de dónde había sacado la carne si escaseaban tanto los perros.

Rosario se desploma en el suelo, ha sido un día largo – continúa mirando hacia el frente con cara de quien ha visto un fantasma comerse a su perro y las piernas de su padre

–  Bueno, no es mucho, pero tengo la edad que me calcule un ciego y los brazos tatuados de mi abuela escondidos en un cajón – o en una caja o quién sabe dónde demonios los habré puesto, - hace un ademán como si ya no le importara tanto reanudar su búsqueda – y hasta a hora cien hermanas contadas, más las que se acumulen en el suelo, míralas, las pobres, ya casi no puedo mantenerlas a todas aquí dentro de mi casa – mira a los techos simulando que son altos cuando en realidad están claustrofóbicamente cerca-  esta vieja cueva ya es como mi cuerpo, rentado, bueno a veces tengo que pagarlo, a veces tengo que limpiarlo, a veces simplemente lo abandono y no regreso hasta que alguno de los dos me lo pida y mi cuerpo también es como mi sombra, me dan miedo.  Sigue aclarándole a la sombra dentro de la habitación contigua. – No soy pobre sino clase media intensa y vivo tranquila la mayor parte del tiempo, cuando llego a tener tiempo. Pero, a veces, cada de vez en cuando, suceden cosas en mis sombras, a mis espaldas o de frente, en mi cama, entre mis piernas, sobre el suelo o en el piso de las nubes. Vienen seres extraños y se posan en mi puerta, te lo digo en serio, ni los testigos de Jehova me creen, pero  yo les insisto, les doy pruebas, pedazos  de ventana con aliento, una de mis hermanas aplastadas con la antena rota y el ala arrancada por la fuerza, ultrajada y con sus hijos muertos saliéndole del huevecillo. Pero los testigos de Jéhova insisten en que sin pruebas empíricas no podrían creer en mis locuras, me dejan la biblia holográfica en la puerta y se van cuchicheando entre ellos mirándome de reojo mientras resplandece el sol y no puedo verlos más.
Rosario mira hacía una ventana que dibujó en el suelo.

 – Mi madre me decía con ternura para calmarme en esas noches de fiebre: “eres un puto asno ya déjame dormir” – Ahora no está mi madre, se la llevaron los hombres del ministerio y a mi padre los de salubridad.
Pero ayer fui a trabajar, salí después del tercer turno continuo de la oficina de recurso humanos después de arduas horas de extraer riñones, gónadas y cordones umbilicales, salí sin percatarme de la hora, y para mi inconciencia el tiempo jamás es relativo, más bien es exacto, mecánico y a veces es un juez que me condena con su idioma y sus leyes, y para toda esa mala suerte salí sin darme cuenta de la hora y nadie me advirtió porque en el trabajo no me comunico con ellos, no es que sea arisca más bien ligeramente brusca, y por eso nadie me había dicho que  era un hora peligrosa… al medio-diablo, la hora más peligrosa del planeta; los filósofos se derriten a esa hora, las botas se pegan en pavimento, mi comida y la gente hacen combustión espontánea. Estaría muerta de no ser por el traje que mi madre me había comprado, también le dio uno a mi abuela en su cumpleaños, pero a mi abuela un día solamente se puso las mangas, que porque tenía mucho calor, salió a comprar al mercado y de regreso ya solamente estaban sus brazos y su monedero, por eso ahora lo único que me quedan sus brazos tatuados que guardo en una caja, que está por ahí.
Rosario hace remembranzas inmediatas - Hace un rato alguien me regaló un viejo radio.

– Al anochecer descubrí la radio después de que había perdido mi ipod ilegalmente, en estos días perder el ipod es una cuestión judicial muy seria, lo perdí durante mi segunda violación…  - rosario suspira, recordando su ipod -mientras intentaba sintonizar el aparato escuché una especie de luna muerta, una pesada melancolía que me hacía extrañar al medio-diablo de apenas hace unas horas, luego, vino el frescor, casi podía escuchar lluvia, mucha lluvia interna, baje del gusano transporte para caminar, no sé como se ve una luna muerta pero si sé que seguramente huele a muerto sin desodorante, y aunque un muerto se lleve bien con su sombra un muerto es como los seres que me visitan todos los días, que espantan a los postes, son los hologramas que se caen al suelo y no nos queda más reserva de energía más que errores de programación tan caóticos como simultáneos, y esa melancolía me hizo tener estos raros pensamientos y regresar a mis fiebres

Rosario mira fijamente la puerta abierta que tanto le gustaba, ahora va hacía ella esperando un abrazo pero la puerta le ha dado en el dedo meñique del pie, y en retribución al dolor punzante se pasea por el torcido romance con el calor que vino a hacer mal tercio excluso con la solitaria reserva de frío de Rosario, ella se aproxima a su cama en la que no había dormido en años, y todo porque le había reventado un resorte mientras se masturbaba y esto rosario lo vio como que la cama no quería. Pero antes de ir a la cama le dio de comer a los gastos con su pobre quincena y una vez que se devoraron todo ellos se escondieron en la oscuridad. Rosario miró a Sus hermanas que estaban posadas allí, tratando de darle consuelo o esperando respetuosamente a que se durmiera para acribillar las reservas de comida. De pronto la oscura figura oscura de la otra habitación  avanzó. Rosario casi se infarta, creía que era presa de otra de sus fiebres nocturnas, pero esta vez era demasiado vívida su situación, Rosario se tiró al suelo y se escondió bajo la cama donde por fin encontró los brazos de su abuela, allí comenzó a orar con lo que leía en los tatuajes, eran frases de extraños tiempos “se la vi, quid pro cuo, never to old to rock, otro que pende del ojo de don alejo, o andas más turbado que ayer ” , - rosario seguía leyendo los tatuajes que eran puras frases - cuando el vigor sea grande adelante con el glande, cuando el vigor mengua adelante con la lengua, cuando el vigor sea nulo…” Rosario detuvo sus rezos.

No sucedía nada, rosario se asomó y la sombra se movía, pero no podía explicarse el suceso, tomó el brazo de su abuela como arma, ella aún recordaba el calibre de esas manos en las nalgas, poco a poco se acercó, algo había roto la ventana, estaba tirado en el piso, desnudo, y a rosario no le sorprendían sus cuernos, su tamaño diminuto o su cola de alambre , lo que le sorprendía es que hubiera llegado vivo de tan lejos. Era Martín, su marido que se había ido a probar suerte después de que la fábrica lo corriera por envenenamiento y decidió irse con otro grupo de valientes a otra fábrica de catadores de suerte que estaba en otro inhóspito planeta. Rosario suponía que los del ministerio lo habrían deportado al sol como solían hacerlo por “error”. Martín estaba rojo y más diminuto de lo normal, se veía de un rojo pálido, no como el rojo vivo e intenso de cuando se conocieron, y estaba 10 centímetros más pequeño de sus normal metro y medio, rosario tenía el corazón dividido… por una cirugía que corrigió un defecto cardiaco y por lo cual los sobresaltos le eran indiferentes ya que su marca pasos jamás aceleraba… lo mejor que pudo hacer fue tomar el brazo de su abuela con cariño y golpear a Martí tan duro y con tal precisión que fue a dar a la cama, el pequeño humano con balón rojo jadeaba, Rosario, con frivolidad se quedó despierta, sabía que los del ministerio solamente cometían errores cuando los migrantes interplanetarios como Martín regresaban vivos. Miró la ventana. Se quedó ahí de píe, buscando extraterrestres en el barrio.

martes, 12 de febrero de 2013

Noctifobia


Desciendo por la calle con la chamarra como una de las tantas farsas con las que espero hacer contingencia a mis alegatos de tristeza, lloviendo a quemarropa y sin piedad, el paraguas se lo quedo ella. Tengo que dejar el mañana antes de que sea demasiado tarde pero no encuentro un centro que pueda rehabilitarme de él. Realmente no es necesario pensar en otra cosa. Simple, no pienses después de que te contara todos los detalles. “Es ése, y es <>”, hija de puta hasta le inventó un verbo, pero según dijo ella señalando a aquel idílico hombre, era el objeto de su deseo, cosa que a mis ojos no era nada poco común, ni siquiera lo suficiente para que ella quisiera introducirle la lengua en las gónadas. Una criatura estúpida desde mi estúpido punto de vista. Hoy ocurrió la catástrofe: afección y arrastrarse por el pantano. Ella tenía el vicio de ser mi amiga. Nada debía afectar el estado de la decadencia que la costumbre había convertido en tranquilidad, pero si podía hacer algo debía ser un asesinato, pero prefiero el sistema más lento de suicidio después hacer otra inmersión al precipicio hasta los cimientos del cerebro que nunca recuperé de Donceles, o de aluna otra calle o pulquería o chamuscada zona de señoras y quizás al sótano de las soluciones  sea Garibaldi lleno de malos pensamientos al caer y mariachis al levantarse. Hoy es un buen día para amarse y repartirse en el pavimento.
La puerta de la cantina o las piernas que me desaconsejan. Siéntate con tu viejo amigo y plática con el viejo periodista de la pluma política. El alcoholega pronostica olor a sangre y pólvora para la próxima. Podemos hablar de Keynes o Kierkegaard como simples mortales opinamos que el país es una miseria. Los boleros de fondo me  estaban aniquilando, al principio suave luego Sombras nada más, seguido de la metralla de Quémame los ojos y alguien danza a mi sombra.
Salimos dejando al periodista dormitando en la cantina para ir con la novia de mi amigo que es mesera en el Metropoli de cuatro estrellas ****, parecen muchas, y está cerca de Bellas Artes pasando Dolores, dicho así la vida va por buen camino y vale la pena porque los tragos van cargados y no hay que hacer fila para ir al baño. Lo único que voy a extrañar es la filosofía de las paredes del baño con su “si quieres crecer fuerte y sano comete lo que tienes” y se borra con alguna otra guarrada que deja corta a la anterior o un número telefónico de alguien que espera pacientemente caer en alguna telaraña.
Están reconstruyendo la ciudad. Las calles son un escenario de Apocalipsis con montículos de tierra, edificios derrumbados, maquinaria, focos que reflejan la lluvia, lodo y noche. Iba allí con Ed y caminamos por allí con nuestra mejor pose de grandes señores daltónicos que no alcanzan a ver el fulgurante amarillo de los listones que prevenían del cemento fresco. Somos rebeldes, no nos fijamos en los señalamientos del sistema de libre atascado.
La sensación al principio era la de pisar lodo, luego Ed se hizo un poco más bajo, se encogía y me arrastraba a su maldición. El pavor de nuestros pies hundiéndose rápidamente, pero no de manera normal, no en un hoyo cualquiera, sino una boca de cemento hambrienta de carne humana. Ed se agarró de mí y yo de él. Intentábamos salir a flote pero más nos hundíamos y creímos que íbamos a morir y nos abrazamos fuerte y un poco antes de llegar a las rodillas la muerte se detuvo. Suspiramos con el alivio que deja estar empantanado en ridículo.
Cuando de niño  llegué a la ciudad pensaba que me tragaría su gente y sus olores, más sus olores, pero lo del cemento fue absurdo. Dios era un cineasta muy malo con mucho presupuesto y pésimas idas. Buscamos un charco para limpiar el cemento de los zapatos y la ropa. Las manchas eran como un pecado en Oaxaca. Ya en el bar intenté meter el pie en el lavabo y hacer algo. Nos olvidamos del asunto disponiéndonos a beber vodka a consiga de la broma obligada de la novia de mi amigo:
 “Dónde fue el colado”
Luego con hielo con un toque ligero sabor limón. Dos tragos, la gente mirándonos y sonriendo monstruosamente nuestra semejanza construyendo desvaríos en la calle.  ¿Algún día tendré mi traje roto y zapatos agujerados, o siempre amararé las agujetas de mis botas? ¿Marginal, estúpido o ambicioso? Algún día viviré en las tragedias de mi pasado en un presente tan corto que será una amnesia pasajera dentro de una resaca eterna.
Dos tragos y adiós. El Metro lo cierran a las 12 y hoy no tengo suerte y algo de dinero en los bolsillos como para ir a otra parte. Ed se despide de la mesera con un beso, una mano fuera de lugar, un te quiero y un recipiente con coctel de margaritas que sobraba de la barra. El impertérrito amor y mi bucólico recuerdo. Trágame tierra.
Pensándolo mejor, no, mejor no.
            Con el espíritu de no dormir seguimos caminando por el centro de la ciudad. “Vamos allá” dijo mi amigo y llegué inconscientemente a que los punks cobraran 40 pesos de cóver por la masificación. Maldito capitalismo. No hay salida y la entrada te la cobran los “anarquistas”. Subimos las escaleras de muros negros, focos rojos y una escena de “Naranja Mecánica” dibujada en la pared, la parte donde van a patear al vagabundo. Pasamos por bebidas. Un edificio viejo de regreso a Donceles, un edificio tomado por vampiros o murciélagos. La gente es extraña. ¿Era mejor el bar del hotel y los adinerados o la cantina y el periodista alcohólico o regresar a casa y llamarle por teléfono a la que me había roto el páncreas y la pituitaria y de paso la razón y decirle una o dos cosas: púdrete, te quiero, me fastidias, te juró que no lo vuelvo a hacer. Es que yo… bueno, no es amor pero tampoco me eres tan indiferente. Y se me bajó la borrachera del susto.  Mejor no hablar con ella.
Di unas vueltas con Ed intentando buscar un lugar para recargarnos. La noche no era favorable para el futuro. Telepáticamente mi pulso dejó de pertenecerme cuando vi a una ex/novia y a algunos ex/amigos en el extradición hacía el escalofrío. Unos punks, unos darkis, unos góticos. Nada que no haya sido y que extrañe con tanta precaución. Regularmente me dicen lo mismo: “Hola, ¿Cómo has estado? Me dijeron que ya te habías casado y que tenías un hijo, te divorciaste, ¿ya te recuperaste de la herida de bala? ¿Cómo es la cana?  Decidido me bebí los chismes. La música en vivo y por gracia y misericordia del dios de los noventas, era un tributo a los Pixies.
Isla de encanta. Mi exnovia contaba cosas de su trabajo y que se estaba mejor estudiando derecho y pensé <>. Ella tenía el pelo corto y en general había envejecido a escondidas detrás de kilos de maquillaje.
Poco a poco se iba terminando. Encendieron las luces. Le pregunté “¿Quieres ir a algún lado?” Y ella hizo su ademán de <>. Tenía ganas de vomitar así que nos despedimos a las cuatro de la mañana entre destellos de patrullas.
            Fui con mi amigo Ed a comprar algo de comer en una tienda abierta las 24 vidas de un subempleado. La boca sabía a plástico. No recuerdo qué estragos ocurrían y eso ya era una mala señal. Nos sentamos en una orilla esperando a que abrieran la entrada del Metro, quedándome dormido no sé cuánto tiempo, medio escuché al policía decir que no podíamos dormir ahí y yo estaba roncando, pero finalmente caminamos en círculos alrededor de la entrada de Bellas Artes que por fin abrió apetito y nos comió.
Mi amigo dio la espalda y mientras se iba se despidió con el puño levantado y se  fue por otra línea del Metro. Yo bajé las escaleras sintiendo que había extraviado partes funcionales de mi estómago. ¡Maldito tren, pasa ya, no sé cuándo va a parar esta noche!
            No hay nadie en el andén, nadie que me diera un buen consejo o que me hablara de filosofía; nadie que pudiera dar un abrazo o una casa, o decir que ella tiene ganas de estar. Lugo pasó una rata. Luego el rayo naranja. Quizás me hubiera suicidado de no ser porque me dan asco las ratas.
Por fin veo mi casa a lo lejos, tengo las botas manchadas de cemento y ese olor repulsivo en la ropa; todavía no hay luz de día. Cierro la puerta (aunque tengo que verificar más tarde) y apago el sol a expensas de curar la noche. Mañana me haré una broma masturbatoria para sonreír lánguidamente porque hoy me quedaré sentado frente a la ventana fumando el último cigarrillo, mañana me reiré de ellos. Afuera se están matando y hablan de nuevas etapas y cambios importantes, para efectos prácticos hoy será (auto)-suficiente dormir. ¿Apatía generacional, personal, enajenación, estupidez, control mental, esclavitud o servidumbre voluntaria?


Medio pude dormir padeciendo intranquilidad, y lo peor, otra vez está anocheciendo. La he llamado y me quiere ver, dice que vallamos a Garibaldi y hasta el suicidio sería sano a estas alturas. Qué más da, “deja me baño y te veo allá.”

viernes, 4 de enero de 2013

Biodegradable (hemisferio izquierdo parte dos y final)





De pie en los brazos abiertos, acariciando las esperanzas de la generación. Claudicar es posible cuando en la historia lo único que ha salido victorioso es la necesidad. Porque cada vez les gusta más verse en el espejo y saber que no tienen ningún deber con algún otro reflejo. Es la colectivización de la soledad, como únicos e indivisibles engendros capaces de aprender lenguaje y hablar, no es el hecho que sea improbable descubrirse en el otro sino que dentro del otro encuentres una copia del monstruo que llevas adentro.


***

“Dijo que iba a venir”
            “A lo mejor todavía está con lo de Rara”
“Yo digo que no viene y que no existe Rara”
            “Déjalo, eso es cosas suya, además le dije que hoy iba a poner su película favorita y que mañana ya no va  a existir este cine”
“Míralo, ahí viene”

Afuera hay disturbios y manifestaciones. En el interior del cine hay unas cuantas personas que quisieron ver la última función programada antes de que la pequeña sala sea reemplazada por un gran centro comercial. Los amigos se sientan en las tapias a beber y fumar. Él se sienta al frente a sabiendas que a los demás no les interesa y solamente le pasan una lata de cerveza y un cigarro de marihuana. Una película de guerra que termina cuando el personaje se da cuenta que esta soñando y de pronto el mundo ya se había acabado. Él piensa en otras cosas, no es la película, ni las manifestaciones, ni en la policía que entra a desalojarlos, algo más violento le sucede a su cabeza mientras los llevan a la fuerza hacía la lluvia, aunque él ya tenía gotas en la cara antes de que lo tumbaran en el suelo de rodillas y todos comienzan a empaparse rápidamente.


***

“Muy bien señor, está contratado, pero debe cortarse el cabello y las venas”
            “Puede comprar a crédito su ratonera”
                        “Tiene que contratar el servicio de luz y pagarla porque sabemos que le teme ala oscuridad”
                                   “Para poder conducir uno debe aprender a manejar sus emociones y desatar la ira”
                                               “Si no se lava los dientes le salen dentistas costosos”
                                                           “En la calle no se puede orinar sin que este acompañado”
                                                                       “Usted debe creer en algo aunque sea en sí mismo”
                                                                       “Necesita usar ropa interior nueva para amar”
                                                                       “No puedes faltar a ninguna película”
                                                                       “No llorar es de maricas”
                                                                       “No hables cuando mastiques un pezón”
                                                                       “No te metas el dedo en la nariz, mejor métela en cocaína”
                                                                       “No puedes tocarlas o el dedo en  el culo o en pene”

Cuando lo comprendí todo era necesario, todo era pleitesía a lo que quisieras siempre y cuando pudiera levantarme hasta que me iba a dormir. Ya estaba en la calle y decían que tenía que “madurar” el concepto o el concepto de madurar. Decían que eso te lo enseñaba la escuela, pero dejé de ir y dejé de comprender lo que intentaban. La gente cuando habla tiene una escuela, un trabajo, una iglesia, una cárcel y un psiquiátrico bien metido. Ya había estado con mucha gente en muchos otros sitios, así que solamente me hacía falta asimilarlos y repetirlo todo. Todo era imitar para que no te reconocieran en sus subconscientes. Cuando hacía otra cosa que les pareciera distinto simplemente corría porque sabía que había cometido un error de programación. Los tiempos de las manifestaciones ya habían pasado y en ese entonces inició un tiempo raro y decidí que iría a una especie de guerra de miradas en el camión y en donde fuera, miradas sospechosas que usaban culpables como rehenes. “Entonces es como la película” comprendí allí mismo proyectando un escenario. Después de la película y en la misma escena estábamos arrodillados en la lluvia, miré a mucha gente que se burlaba de mí mientras intentaba comprender el sentido del absurdo de la risa que tanto querían alcanzar para no ver mis rodillas en el suelo.
            Tenía una casa a la que le cabía una cama pero yo no, un trabajo haciendo camas, una línea telefónica con dos latas de aluminio y una cuerda que bajaba  la tienda, una estufa que no sabía usar, tres camisas limpias que tampoco utilizaba porque solamente una me gustaba, jabón y pasta de dientes. Todo iba bien otra vez porque no necesitaba hacerme más preguntas, mis rodillas ahora estaba muy entumecidas, ya no me desagradaban los de corbata y hasta usaba una porque ya no me dolía ese pensamiento que no podía recordar e iba por las mañanas y regresaba por las noches haciendo lo mismo y hasta los gestos me salían idénticos. Saluda, escucha, di cosas como “A lo mejor, que se mejore, todo va a salir bien, échale ganas, amén, por favor, gracias, hasta luego y buenas noches” . Te dirán que eres un apersona muy agradable. El problema de la temporada del teléfono comenzó cuando se agitaba la lata a las tres de la mañana y cuando iba a contestar solamente escuchaba la agitada respiración del otro lado y después colgaban. No le hice caso pero comenzó a suceder diariamente y durante toda la madrugada. Cortaba la cuerda y seguía llamando, me deshice de las latas, de la cuerda y de la cama y seguía sonando cuando estaba dormido, lo cual no me permitía dormir lo suficiente para poder despertar temprano e ir atrabajar. La gente lo notaba en mis ojeras y con los nervios de punta ya no puedes hablar tan fácil con ellos porque lo notan,  comenzaron a sospechar.
            Una noche por fin alguien habló del otro lado del hemisferio. Era Rara desde su casa llorando y muy desesperada. Sus enfermedades  estaban consumiendo su cabeza y ningún doctor podría salvarla porque lo que ella tenía no se curaba con medicinas o fingiendo que todo está bien. Intentaba rezar por el teléfono pero decía que algo le quemaba por dentro desde la garganta hasta la vagina, tocando todo sus recuerdos y que muy pronto iba a apagarse su luz y que más valía que fuera por ella para que me diera un regalo antes de que todo fuera definitivo.
            Llegué a su casa esperando que no pasará nada grave y lo grave era que ya no pasaba nada en los ojos de Rara, absolutamente ningún pensamiento llenaba la mirada que me recordó a los muertos a los que yo les contaba historias. Ella tenía un auto sin ruedas ni puertas, dijo que manejara para ir a casa de alguien, que ella iría atrás durmiendo durante la oscura travesía que se alargó cuando por el retrovisor pude ver la mágnum que sacó del asiento. Lo puso en su boca diciéndome que ese era mi regalo. Después todo fue rojo y carne sobre la tapicería mientras sentía que me daba el último aliento sobre el cañón del arma tibia donde detonaba la chispa del último latido artificial en el gatillo. Seguí manejando toda la noche hasta que la gasolina se acabó. El sol estaba saliendo sobre la montaña donde la enterré con la luna acuestas esperando que yo tuviera la respuesta. Su imagen, su recuerdo, el hecho de que no podría huir de la ansiedad que la había dejado dormir  y que no iba a olvidar.
***
Vagando por el desierto el perdedor encuentra un sitio para jugar domino con apatía suficiente como para apostarse a sí mismo. “Era la ilusión deshecha” cuentan los lugareños que lo vieron entrar. Un demonio y un ángel siempre están allí para repartirse lo que quedara de los desesperanzados. Autista sub-humano comenzó  perder. La primera carta bebiendo vino con la partida en contra solamente era la caricatura de sus contrincantes a los que solamente les vía la mano. El ángel tenía la mano huesuda con las uñas negras y el demonio tenía las mangas levantadas con las manos limpias. En la primera ficha había guerra, en la segunda carta estaba la imagen de otra posibilidad. Entonces alguien entró a jugársela. Una gitana que venía por provisiones al pueblo mirando al desconsolado perder a favor de dos oposiciones que ni siquiera debían preguntar por él. Los perros ladraban la leyenda y a la gitana le costó trabajo ganarle al vino y a la tormenta apática, pero al final se llevó al forastero para sacudirlo un poco y ponerlo en el tendedero a que le diera el sol.

***
“Sí, ya verán que sí. Cambiar el estatus quo de cierta época es difícil a la hora en que entiendes que no estás ahí para cambiarlo sino para extirpártelo. Haces lo que tienes que hacer y ya, no lo haces por alcanzar un mundo mejor, ni por que lo libros hablen de ti como una curiosidad histórica.”
Eso fue lo que me dijo la gitana que tenía tatuajes en los muslos y todo el pensamiento enmarañado con arte. Se resistía jugando con sus bestias y tenía los ánimos suficientes para rehabilitarme del cansancio después de haber intentado e intentado hasta el fracaso. Ella decía que la esencia no existía, que a los científicos les agradaba equivocarse y que por eso mentían como lo hacían todos los demás a los que no les gustaba la miseria. Y hacíamos cosas, como el tatuaje de su muslo, pidiéndome que contara historias del más allá, de las almas, del cine, de las balas y los disparos, ella era joven y a ella le gustaba saber que cambiaban las horas y que no necesitábamos reloj. Nuestra utopía era la desesperación de vivir como si fuera algodón de azúcar, lo dulce de la porquería en la que estaba todo inmerso. Eso era agradable hasta que otros también lo hicieron y hasta que de pronto se expandió la idea y quisieron que les contparamos más historias. La idea y la imaginación combinaban y lo primero fue de manera tersa y después muchos otros comenzaron a responder con violencia. Crecía en la mirada como si en general necesitara reajustarse por la fuerza. Entonces otra vez con el puño a darle porque no estaba soñando ni quería y lo que esperaba realmente era defenderme de éste en el que llevaba tanto tiempo sin dormir en paz, mirando cómo se restablecía el horror absorbiéndonos desde el centro con palabras y el fuego, porque nos iban a tomar en cuenta para el día siguiente, siempre y cuando hubiese un tributo de escalofríos y madres amorosas que no quieran perder a sus hijas e hijos
Se mantuvo pacífica la nueva línea de mando que nos diluiría, luego seríamos aceptados nuevamente. Estar dentro de ellos de nuevo era repugnante, y si nos resistíamos entrarían por la gitana y le quitarían el tatuaje del muslo sepultándola con los muertos  que no ladran leyendas que los perros corren a propagar. Allí estaba yo dolorido de las rodillas y al día siguiente no había pasado nada porque la gente seguía a medias medio despierta teniendo hijos y casas defendiendo lo poco que les permite el olvido. Allí estaba yo medio viejo e impotente sin recordar ese maldito pensamiento que me hacía falta y recorrí y recorrí calles buscando secas lágrimas y saboreando lo que yo sabía era el final.
            Así hasta que me trajeron con ustedes los de blanco. Ya no sé, nunca tuve un nombre ni me preocupé por tenerlo y mírame las manos, mira, están secas y viejas, la cabeza igual, los ojos, mira estos ojos con esta cara llena de canales igual de secos y si pudiera decir algo es que me quemen porque estoy enfermo y mi enfermedad avanza hoy más rápido y cuando me entierren que me quemen porque no quiero regresar y si regreso mejor que se alejen porque no sé que va a ser de ustedes.

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“Algún diagnóstico”
            “Esquizofrenia”
“Antes creíamos que se hacía el loco”
            “Deja que se quede aquí, no tarda en estirar la pata”
“¿Lo vas a incluir en tu libro?”
            “Es un caso interesante, su memoria de algunos hechos y como los combina con su enfermedad… a lo mejor sí”
“Míralo, siempre con su radio, hasta da pena”
            “Ojala pudiéramos encontrar una cura o hacer que no nazcan así”
“¡Ja!,  debe ser algo en el aire”

El viejo escucha su radio sentado en un avión y piloteando en picada sobre el hospital, a máxima  velocidad apoyado espiritualmente por una legión de muertos que le dicen que todo fue inútil porque de todas formas es el fin.

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